domingo, 4 de marzo de 2012

III. LOS TRASTORNOS PSICOLÓGICOS Y SUS IMPLICACIONES SOCIALES: La sociedad "mentalmente sana" y la "sociedad mentalmente enferma"




La persona con algún tipo de problemática psicológica se le diagnostica con el síndrome psicopatológico establecido según las características y los síntomas que presente, para ello, el profesional (médico de asistencia primaria, psiquiatra o psicólogo clínico) se basa en los manuales DSM-IV,  DSM-IV-TR, y  CIE-10 (Capítulo V), determinando de esta manera si el estado psicológico de una persona es normal o sufre una psicopatología.  El diagnóstico es la expresión de un modo de contemplar una determinada situación que emerge tanto en las esferas mentales como en las sociales y físicas. Al igual que Bleuler, muchos psiquiatras consideran que, en tales circunstancias, su diagnóstico es más un recurso social que una hipótesis médica científica, y muchísimo menos la afirmación de un hecho objetivo.” (R. D. Laing, 1983, 67 ).

Desde el punto de vista de la psiquiatría, la sociedad es entendida dentro de dos categorías: la sociedad “mentalmente sana” y la sociedad “mentalmente enferma.” Ante tal cantidad de trastornos y padecimientos catalogados, surge la duda sobre los criterios que se utilizan en la observación de las “sintomatologías psicológicas” para hacer un diagnóstico decisivo sobre el padecimiento de un trastorno y determinar que una persona está “mentalmente enferma." “En general, la asistencia psiquiátrica se basa en criterios diagnósticos y en líneas de tratamiento insustanciales y poco fiables. El determinar quién es un <<enfermo mental>> y quién está <<mentalmente sano>> representa un problema mucho más complicado y difícil de lo que parece, lo mismo que establecer la naturaleza de tal <<enfermedad>> y el modo de tomar dichas decisiones es bastante menos racional de lo que la psiquiatría tradicional intenta hacernos creer.” (Grof, 1988, 357).

 Desde la óptica de la psiquiatría, los conceptos de  “trastorno” y “psicopatológico” son sinónimos de  “enfermedad mental.” El enfoque determinista de considerar como "enfermedad"  al trastorno a consecuencia de alteraciones  neurobiológicas  ha conseguido calar hondo en la sociedad debido a la posición de máxima autoridad que tiene la psiquiatría farmacológica y su gran influencia social y política. Podemos entonces observar como se conforman y utilizan los síntomas para determinar tipos de trastornos, creando de esta manera un sistema de referencias para confirmar los trastornos y el diagnóstico de los mismos, pero esto más que real es artificioso, y no explica porqué se consideran síntomas indicadores de trastornos alejados de la “normalidad”, quizás pueda deberse a que técnicamente la visión de la psiquiatría sobre lo “mentalmente sano” y lo “mentalmente enfermo” es distinta del resto de los mortales. Si ojeamos los manuales para comprobar la multitud de trastornos con sus correspondientes síntomas, podemos también pensar si muchos de ellos pueden ser considerados como verdaderos indicativos de padecer una "enfermedad mental."

Como todo lo basamos en referencias, podemos observar también, que la referencia de “normalidad” se ajusta a “población sana” siendo única, en contraposición a “población enferma,” donde no existen términos intermedios de referencia, o estás “sano” o estás “enfermo”, o eres “normal” o eres un “anormal,” o un “trastornado”. Visto desde este enfoque reduccionista y determinista, los criterios de observación y diagnóstico con referencia a todo lo que no se ajuste a la “normalidad” son dados por válidos para determinar los síntomas que puedan encajar con el trastorno, siendo eficaz para etiquetar a la persona con el tipo de trastorno y poder aplicarle un tratamiento con psicofármacos, esto facilita el trabajo y el manejo de datos y así poder cuantificar de manera estadística y significativa dicho trastorno, que junto a los demás, dará un resultado porcentual excesivamente alto y alarmante, demostrando la existencia de una población “mentalmente enferma” con referencia a una población “mentalmente sana.” Estos planteamientos más que científicos son subjetivos de interpretación por parte del especialista, siendo su criterio de actuación dependiente de sus creencias y del medio social, cultural y político donde se ejerza. “Debido a la falta de criterios precisos y objetivos, la psiquiatría resulta siempre mediatizada por la estructura social, cultural y política de la comunidad donde se practica.” (Grof, 1988, 358). Visto la moldeabilidad y artificialidad de todo esto, pondré un ejemplo a la inversa fácil de entender: Dentro de los parámetros de “normalidad” de una comunidad o sociedad de trastornados mentales, la persona cuerda sería el “enfermo mental” y se le diagnosticaría con graves síntomas de "cordura esquizofrénica," siendo tratado con el psicofármaco adecuado para "curar su enfermedad mental."
La extensa exposición de trastornos psicológicos reflejados en los manuales, es alarmante, dando que pensar si alguien se escapa de padecer alguno de ellos, pero más que alarmante, es preocupante, porque ante tal variedad de trastornos puede darnos a entender que la conducta humana es más psicopatológica que normal. Será por eso, que al leer la relación expositiva de trastornos, de manera irremediable me veo reflejado en uno o varios síntomas de algunos de ellos, pero también me pasa lo mismo cuando leo las características de mi signo del horóscopo, y lo más curioso, cuando leo los demás signos también, ¿le ocurre esto a otras personas?, o tiendo a creer que tengo uno o varios trastornos psicológicos, lo mismo que tengo características personales de algunos signos del horóscopo? Podemos llegar a entender que la validación de uno u otro tema es dependiente de la creencia de cada uno y del entorno social en el que se desarrolla. Al estar todos socializados, estamos atrapados bajo las fuerzas de las creencias sean racionales o irracionales, y es evidente que algo en nosotros nos induce a mantener algún tipo de creencia sea racional o irracional y de padecer algún tipo de trastorno de los incluidos en el catálogo, sobretodo porque ya existen.

Si caemos en un trastorno psicológico relativamente severo, tendremos dos  problemas, el padecimiento del trastorno y el rechazo  social. Las etiquetas de “enfermo mental” o “trastornado mental” ha calado hondo en la sociedad, creando estereotipos con  actitud de rechazo hacia cualquier persona que sufre alguna problemática psicológica al ser considerada como “esquizofrénica,” “paranóica,” u otra. El estigma social como actitud degradante, discriminatoria y de rechazo debido a las características, atributos y comportamientos vistos como indeseables al estar fuera de la normalidad social establecida, imposibilita la integración social de las personas con trastornos psicológicos, al ser vistas como “incapacitados,” “anormales” o “trastornados.” Los estereotipos creados sobre la “enfermedad mental” es norma común, las terminologías peyorativas son muy variadas, siendo la más frecuente la palabra “loco”, seguidas de otras como “tarado,” “chifado,” “grillado,” y otras por el estilo. La estigmatización social genera más sufrimiento e impide la total recuperación de las personas que padecen algún tipo de trastorno psicológico, la actitud de intolerancia inducen a los afectados a aislarse de la sociedad y a mantener su situación con discreción y silencio, para evitar los comentarios despectivos, el rechazo y el desprecio.

Si el sistema social es parte responsable de que las personas caigan en el trastorno, quiere decir que el mismo sistema social es sesgado, clasista, discriminatorio y estigmatizador. Si no fuese así, no tendría razón la existencia de  marginados, ni desahuciados, ni “enfermos mentales”..., entonces los trastornos psicológicos se verían de otra manera y las personas necesitadas de ayuda y comprensión debido a sus problemas psicológicos dejarían de ser “entes raros” y no serían apartados, controlados, ni medicados. “¿Qué pueden hacer las personas normales con o a estos seres totalmente extraños, inconcebibles, misteriosos, siniestros y aterradores? Los mandan al psiquiatra cuyo diagnóstico -Bleuler lo afirma de modo harto explícito- es más una repercusión de las presiones sociales y una respuesta a las mismas que la expresión de una convicción médica dogmática. … Las personas declaradas “mentalmente enfermas” según la opinión de los expertos, y aceptadas como tales por las autoridades administrativas en el contexto de la ley civil o criminal, tienen que aceptar las decisiones que sobre ellas se toman.” (R. D. Laing, 1983, 65-66).

Si los trastornos psicológicos son consecuencia de interacciones entre factores psicológicos-fisiológicos-sociales-ambientales, que provocan respuestas fisiológicas y comportamentales alteradas, estamos hablando de determinados núcleos o zonas sociogeográficas de riesgo para la estabilidad psicológica. La mayoría de trastornos psicológicos que padece el ser humano surgen dentro del núcleo familiar y otros como consecuencia de las relaciones sociales y del medio ambiente. Dentro de su dinámica de vida las personas van generando lastres emocionales traumáticos que va acumulando sin resolver desde el nacimiento, infancia y adolescencia (vejaciones, insultos, maltratos, abusos, miedos, disciplina rígida, enfrentamientos y situaciones violentas, entre otros muchos). Este tipo de experiencias y vivencias desagradables y traumáticas se han organizado de manera progresiva en la persona hasta formar una estructura mental característica, esto implicaría un determinado aprendizaje con un determinado significado que generaría alteraciones o conflictos psicológicos y “conductas comportamentales anormales.” La generación de tales alteraciones, conflictos y conductas, son diagnosticadas como trastornos mentales y comportamentales, las personas afectadas son consideradas como inadaptadas sociales, que sufren un trastorno que genera un “comportamiento anormal” que está en disonancia con el marco social establecido, si esto es así, no debemos olvidar que el marco social establecido es consecuencia de las políticas del pasado (aún vigentes) que hemos asumido y nos hemos adaptado a vivir guiados por ellas, desde esta perspectiva, habrá que ir solucionando la generación de las problemáticas psicológicas más allá de un tratamiento psicofarmacológico, o de un internamiento en un hospital psiquiátrico. Como solución, será necesario revisar todos los trastornos desde una óptica psicológica integral u holística que incluya nuevas psicoterapias y efectuar grandes cambios políticos y sociales para que no se continúe generando más inadaptados sociales que padecen trastornos psicológicos, un cambio de actuación implicaría cambiar de manera urgente las políticas educativas y las condiciones laborales, económicas y sociales actuales para conseguir niveles óptimos de salud, estabilidad emocional y mayor calidad de vida,  pero desafortunadamente no existe política ni actuación social ni académica en el mundo que deseen afrontar tal reto, ya que sigue siendo más rentable para los sectores de control y de poder intentar adaptar al cliente/paciente al sistema político-social vigente, y tratarlo con los métodos tradicionales cognitivo-conductuales y con psicofármacos represores, debido a intereses político-económicos-sanitarios y clínicos, ya que  la visión que se tiene sobre el ser humano y sus problemáticas,  se reducen a factores mecanicistas-deterministas sean fisiológicos, ambientales u otros; y por otro lado la psiquiatría farmacológica oficial al tener un estatus de privilegio sobre el control y tratamiento de la “enfermedad mental”, sigue manteniendo la teoría orgánica-individualista sobre la generación de los trastornos psicológicos, y no desea plantear en su discurso los factores influyentes en la diversidad de trastornos: Los condicionantes sociales, políticos, económicos y ambientales, como tampoco interesa hacer una revisión profunda de los trastornos, ni adoptar nuevas psicoterapias eficaces para la resolución de las problemáticas psicológicas personales, porque la aplicación de psicofármacos ya no tendría sentido, como tampoco tendría sentido seguir siendo psiquiatra.


REFERENCIAS:

-Grof, Stanislav, (1988) Psicología Transpersonal: Nacimiento, muerte y trascendencia
  en psicoterapia, Editorial Kairós, Barcelona.
-Laing, R. D., (1983) La Voz de la Experiencia, Editorial Crítica, Barcelona.

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